LA EDUCACIÓN IDEAL

Hoy, 31 de agosto de 2019, a las 10:45 am en San Juan, Puerto Rico

Pensaba sobre el síndrome del nido vacío, que les da a las madres cuando se dedican a sus hijos, y luego sus hijos crecen y continúan su camino. Imagino que eso es inevitable, ¿no? Esa sensación de que falta algo o alguien en la casa. También llegue’ a pensar que ese sentimiento es resultado de la inseguridad o insatisfacción a si le habré dado todas las herramientas que necesitaba para pasar el menor de las necesidades o esfuerzos.

Cuando uno de mis hermanos se fue al ejército, y mi hermano mayor aprovechó la salida, para irse los 2 a la vez, aunque a destinos distintos. Mi madre lloro’ 3 meses todos los días.

Llevo semanas pensando a dónde dirigiré mi educación, de forma tal que yo me sienta satisfechas con las herramientas propuestas y asuma la partida de forma prudente. Mi hijo cumplió 3 años, en este mes de agosto, y me dio la melancolía de que aunque los años parecen largos, los días son cortos y todo se siente rápido.

Por curiosidades de la vida, hace unas semanas, estaba realizándome un procedimiento en el doctor y él me contaba de un artículo que leyó sobre los estudiantes de medicina de todo tipo de universidades que se están colgando en sus prácticas, por falta de pulso y dominio de su motricidad fina. Entre mi dolor y sorpresa mi cerebro empezó a idear la educación “ideal” para que los niños tengan las herramientas apropiadas para lo que quieran hacer en su vida. La motricidad fina es algo que se desarrolla en los primero años de vida y se perfecciona a lo largo de la vida y su uso. Va más allá de meramente escribir, incluye precisión.

Entonces empecé a verbalizarle al doctor mi idea de una educación perfecta y llegamos a la conclusión que antes de que un hijo salga de la casa debe haber: Aprendido 2 idiomas, practicado un deporte hasta maximizar sus destrezas en él, haya hecho trabajo voluntario, aprenda a tocar al menos un instrumento musical, haya aprendido de finanzas personales, trabajando en un empleo externo a la familia y haya aprendido labores básicas de la casa, incluyendo cambiar una goma.

Nos reímos y dijimos, hay que hacer ajustes para hacerlo posible. Les garantizo que entre el dolor del procedimiento y la conversación tan productiva, salí de la oficina del doctor a contarle a mami de la conversación, en lugar del procedimiento.

No importa que seamos padres, siempre seremos hijos. Nos toca agradecer lo aprendido, perfeccionar las fallas y generar nuevos sistemas para nuestros hijos.

-Brenda Camilla

@educacreativo

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